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Etnografía del Arte Indígena
Puyo - 16 de marzo de 2008
 Por: Carlos Duche Hidalgo

“ASÍ, LOS VARGAS, NO SOLAMENTE MOLDEARON EL CUERPO DE LOS ÁRBOLES MILENARIOS, SINO EL ESPÍRITU QUE VIVIE DESDE SIEMPRE EN LA MÉDULA DEL TIEMPO”

La Unión de artesanos indígenas de Pastaza INTI CHURIS, hijos del sol, presididos por el Kuraka Jorge Vargas, se remontan a los siglos para retrotraer su propia mitología y materializarla en los árboles que tallaron con sus propias manos hábiles y callosas; así recurriendo a Carahuira, mujer sabia, que iba bautizando a los árboles con nombres kichwas, para mas tarde, en el proceso metamórfico transformarse ella misma en árbol para que de su corteza y hojas se pinten de color rojo los hombres y mujeres amazónicos. Entonces encontramos a Yuyún shinshi, que quiere decir árbol de madera dura, que prestó su mismo cuerpo para ser moldeado en figuras zoomorfas y antropomorfas. Así, de su cintura se desprende AMARUN (boa) que dentro de la mitología kichwa, en tiempos tempranos, fue una mujer bella que se encontraba de pié un una laguna. Cuando pasó un joven cazador portando una cerbatana dijo: ¡ven!, ¿ves esa planta de ají que se encuentra en el centro del lago?; dame cogiendo los frutos exclamó. El joven bajó sigilosamente y cogió tres frutos; cuado regresó a ver, ella se había transformado en Amarun, y con su poder transformó también al joven, con quien se casó y se introdujeron en el lago a vivir eternamente.

La obscuridad era tan profunda, entonces Amarun exhaló su aliento para atraer los rayos del sol, pero éste se encontraba ausente, por lo que nuevamente insufla su aliento, acompañado de su espíritu y nace el arco iris con siete colores que representa a las siete nacionalidades indígenas de Pastaza, así como a la interculturalidad, al encontrarnos unidos en la diversidad y diferencia

Por encima de la boa se encuentra el cocodrilo, otro elemento mítico que también nació en las lagunas como una mujer, cuya etonogénesis es la planta de ají; por eso en la actualidad, aún existe el lagarto uchu; un ají semejante al diente de lagarto, muy apetecido. Dicen que era protector de los hombres y mujeres. De aquí emerge otra mujer; sacha huarmi, sintetizada en huitu huarmi y manduru huarmi; mujeres primigenias que según la mitología, se transformaron en árboles de huitu y achiote elementos utilitarios cuya funcionalidad es la de embellecer a hombres y mujeres al aplicarse como pinturas faciales, cuya simbología está relacionada con nuestra biodiversidad.

En la parte superior de la cabeza, emerge una tinaja policromada, labrada con manga allpa (tierra) recogida en las quebradas de Puyo, en cuyo vientre se esconde la sabia profunda de la tierra, consistente en chicha de CHONTA O DE YUCA, para brindar a las generaciones.

También se corporeiza un papagayo con plumas multicolores, pintados con los pinceles del tiempo, por manduru y huito huarmi; de donde confeccionan las tahuasambas, símbolo de poder; y de acuerdo a la etnogénesis, son de estas aves de donde proviene la humanidad.

Otro árbol que sufrió la metamorfosis es el Yuyún, que quiere decir tierno, en cuyo tallo se encuentran una infinidad de coleópteros, dentro de los cuales sobresale el yaya kuru, que se adentra en el alma de las chontas para engendrar con su semen al “chontakuru”, muy apetecido en la culinaria indígena y mestiza. Tras de ellos se encuentra el tejón que en tiempos tempranos era un joven mujeriego; por eso está percibiendo la fragancia de las orquídeas u heliconias que se arriman a los árboles y rocas de Puyo para crecer en ellos y convertirse en las princesas o reinas de las flores de Pastaza.

Del sexo masculino del tejón, dicen que elaboran la simayuka para atraer a las mujeres.

Se aprecia también un mono denominado chuva o maquisapa, de brazos sumamente largos que en tiempos remotos era un joven muy apuesto e interesado en las mujeres; cierta vez, estaba una señorita kichwa repartiendo chicha; de pronto se acercó chuva y metió la mano dentro de la falda confeccionada de llanchama que es la corteza de un árbol procesada; sin darse cuenta que era huitu huarmi, es decir la mujer huitu, quien con su poder castigó a maquisapa cortándole un dedo, por eso en la actualidad tiene solo cuatro y le pintó la espalda con huito volviéndolo negro.

Yuyún caspi se bifurca y aparece el tucán, joven que le condujo a huitu huarmi cuando estaba perdida en la selva, utilizando una herramienta como el machete; por eso, dentro de la humanización, en agradecimiento le transforma en tucán otorgándole un pico grande semejante a un machete y pintándole con pigmentos vegetales, recogidos de la naturaleza. También se encuentra Tuta Cushillu, mono nocturno que antiguamente robaba a las mujeres por las noches.

El tercer árbol con características zoomorfas se llama Chonta Caspi; el árbol de chonta, en cuyo vientre se encuentra el espíritu de los dioses más poderosos; por eso, la madera es tan dura e incorruptible que vence a los tiempos. Aquí, vemos emerger a un jaguar, elemento mítico dentro de la cosmogonía indígena. Se sabe fehacientemente que los grandes yachacs antiguamente se trasformaron en jaguares. De improvisto sale una lagartija cogiendo a un pescado volador, cerca del cual levanta sus alas el Kindy o picaflor, hombre sumamente trabajador que tenía las mejores chacras. También se encuentra el mono coto que tiene una glándula amplificadora de sonidos en su garganta que cuando aúlla, estremece la selva; por eso lo llaman también el mono aullador. Es muy amigo de Amarun, quien le enseñó a cantar semejante a ella; por eso, los cazadores tienen sumo cuidado, toda vez que al escuchar el canto del mono y al ir a cazarlo, se han encontrado de improvisto con la boa. También se encuentra el búho, ave de malos presagios para la gente común, pero que se convierte en protector del shamán, mismo que está sentado encima de la boa, con el afán de captar los poderes del agua y arco iris. En la cúspide, abriendo sus alas para conquistar el infinito se encuentra el cóndor amazónico que es el símbolo de grandeza.

El cuarto árbol es de UCHU CASPI que quiere decir el árbol de ají, cuya corteza tiene un sabor picante. De la base del árbol, pretende salir el pájaro carpintero inventor de la comunicación, que produce sonidos indescriptibles para las personas, pero comprensible para todos los animales. Él anunciaba los principales acontecimientos que se suscitaban en la selva, escuchándose a la distancia. Este ejemplo fue adoptado por los humanos que confeccionaron el tunduli para la intercomunicación cuyos sonidos rápidos significaban alguna emergencia, mientras que los sonidos espaciados, eran sinónimo de fiestas; estas vibraciones recorrían hasta cuatro kilómetros de distancia. Vemos deslizarse también al KUTU AMARUN que se arrastra vertiginosamente a capturar los animales para su alimentación, pero se encuentra con el tigre poderoso, enemigos históricos, y se detiene incrustándose en el mismo árbol, o en la imaginación de sus creadores.

También se encuentra el águila arpía, dios o elemento vivificante de las culturas amazónicas, que con sus poderosas alas se encumbra al infinito para conquistar el espacio. Esta ave fue y sigue siendo el dios de las alturas elemento mítico de culturas antiguas y contemporáneas.

El quinto árbol se llama KILLU CASPI, árbol de color amarillo, de una fragancia indescriptible, semejante al canelo. De su cintura, nace un cazador portando una lanza de chonta, arma correspondiente al precerámico, elemento utilitario, utilizado por todas las nacionalidades indígenas de la amazonia ecuatoriana, con el que pretende cazar al mono machín que antiguamente era un joven flaco por demás hablador y un tanto vago; razón por la cual Huitu Huarmi de castigo le hizo bañar con ceniza, transformándole en mono de color plomizo.

Se vislumbra también las orquídeas que son devoradas por un gusano llamado Apapu o chinikuru, pachón.

En la parte superior se encuentra el tutapishku que dentro de la mitología kichwa, era un hombre que vivía en el hueco de un árbol (tutapishku uctu). Dicen que silbaba muy hermoso, algo irresistible para las mujeres, quienes se adentraban en su casa, pero nunca salían porque tutapishku las devoraba. Una hermosa chica que se salvó de las garras de este hombre, gritó desesperada pidiendo socorro. Unos jóvenes que pasaban por allí se apiadaron de la joven y eliminaron a tutapishku y se convirtieron en palmas de muriti.

Por último se encuentra el gallo de la peña, dios del fuego (nina pishku) y un nido del tucán de donde nace Sikuanga símbolo identitario de la región amazónica.

Así, los Vargas, no solamente moldearon el cuerpo de los árboles milenarios, sino el espíritu que vive desde siempre en la médula del tiempo.
Figuras talladas en enormes árboles. Foto No. 1
 
Figuras talladas en enormes árboles. Foto No. 2
 
Figuras talladas en enormes árboles. Foto No. 3
 
Figuras talladas en enormes árboles. Foto No. 4
 
Indichuris en el desfile de carnaval de febrero pasado (imagen intervenida)